Para Olive, la vida nunca había sido amable… Desde el momento en que abrió los ojos, el mundo que conocía estaba hecho de vallas y suelos fríos.

El aire olía a metal, y la calidez era algo que nunca había sentido realmente.
No la trataban como a alguien a quien amar; solo una entre tantas, viviendo cada día sin una caricia ni una palabra amable.
Año tras año, Olive traía nueva vida a un mundo que le brindaba poco consuelo. Su pequeño cuerpo se debilitaba, su espíritu se apagaba, pero su corazón, de alguna manera, nunca dejó de tener esperanza.

Cuando el lugar que siempre había conocido finalmente cerró, la libertad no llegó de inmediato.
Los demás fueron llevados a un lugar seguro, pero Olive permaneció, esperando tranquilamente en su rincón, rodeada de silencio. Había poco para comer, poco para beber, y el tiempo parecía transcurrir más lento que nunca.
Su figura era delgada y su pelaje había perdido su brillo. La luz en sus ojos se había apagado, reemplazada por una tranquila aceptación de todo lo que había soportado.

En esos momentos de tranquilidad, intentaba ser fuerte, buscando trozos de madera para roer, cualquier cosa que aliviara el vacío interior. Era su forma de decir: «Sigo aquí», incluso cuando el mundo se había quedado en silencio.
Lo que sucedió después en la historia de Olive es conmovedor y es algo que te quedará grabado.