eга uno de esos días en que el pueblo se sentía especialmente ajetreado. Los coches circulaban sin cesar por las calles. La gente se apresuraba por las aceras, concentrada en sus recados, el trabajo y las miles de pequeñas tareas que llenan un día cualquiera.

La vida transcurría rápidamente y, como casi todos los días, pocos se detenían lo suficiente como para percatarse de las historias silenciosas que se desarrollaban a su alrededor.
Cerca del borde de una calle tranquila, donde la lluvia había cesado recientemente, un perrito yacía acurrucado en un charco poco profundo.
El suelo aún estaba húmedo por la tormenta y el aire tenía esa sensación suave y fresca que sigue a una larga lluvia. Su pelaje estaba húmedo y enredado, pegado a su pequeño cuerpo mientras descansaba allí, apenas moviéndose. De vez en cuando, un leve temblor lo recorría, de esos que provienen del agotamiento profundo.
Se veía muy pequeño contra la ancha extensión de pavimento.
Más tarde, quienes lo ayudaran le pondrían un nombre: Suerte. Pero en ese momento, solo eга un perrito tranquilo esperando al borde del camino.

Había algo en sus ojos que hacía que la gente se preguntara por su pasado. Incluso a través del cansancio y la incertidumbre, conservaban una dulzura que sugería que alguna vez había conocido manos amables y voces cariñosas. El vago recuerdo de la confianza aún permanecía, aunque parecía desvanecido por días que se habían vuelto más solitarios de lo que jamás imaginó.
La lluvia había empapado su abrigo, dejándolo temblando ligeramente mientras intentaba descansar. Su respiración eга lenta, pausada, como si no tuviera fuerzas para moverse mucho más.
La gente pasaba sin detenerse. Un par de pasos aquí. Un coche redujo la velocidad brevemente antes de seguir su camino. Voces que pasaban flotando y se desvanecían de nuevo.
Para la mayoría del mundo, eга simplemente otro perro callejero en un camino tranquilo. Pero para Lucky, cada par de pasos que desaparecían en la distancia se sentía como otra pequeña esperanza que se le escapaba.

Aun así, permaneció allí. Aún, esperó. Quizás alguien se detendría. Quizás alguien se daría cuenta. Porque en lo más profundo de ese corazoncito cansado, el recuerdo de la bondad no se había desvanecido por completo.
Lo que sucedió después en la historia de este cachorro es inolvidable y te conmoverá…