Se arrastraba hacia adelante porque sus piernas ya no podían sostenerla.
Al principio, nadie la veía como una cachorrita.
Vieron un problema….
Nadie sabía de dónde venía.
Esa fue la primera respuesta que dio la gente.

Al principio no fue cruel.
Simplemente por descuido.
El cachorro había aparecido en el vecindario como suele suceder cuando aparece el sufrimiento.

En silencio.
Sin introducción.
Sin nombre.
Sin que nadie quisiera atribuirse el comienzo.
Un día, simplemente existió allí.
Un pequeño cachorro de color canela cerca de una hilera de porches de hormigón y estrechos escalones de entrada.
Demasiado sucio para pertenecer a alguien a quien le importara.
Demasiado débil para moverse con normalidad.
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