Lo dejaron en una gasolina una noche de lluvia y nadie volvió por él, pero el perro lo siguió sentado junto a los surtidores como si todavía creyera que aquel carro iba a regresar. h

La lluvia había empezado antes del cierre.

No era una tormenta feroz.

Era una de esas lluvias largas, pesadas, insistentes, que convierten una estación de servicio en un rectángulo de luz flotando en medio de la noche.

Los surtidores brillaban bajo el agua.

El piso reflejaba el letrero verde del techo.

Không có mô tả ảnh.

Los autos llegaban, cargaban combustible y se iban.

Y entre un vehículo y otro, sin que nadie supiera exactamente cuándo había aparecido, un perro canela se quedó quieto junto a la bomba número tres.

No ladraba.

No mendigaba de forma escandalosa.

No corría detrás de la gente.

Solo observaba.

Tenía el cuerpo mediano, las patas largas, el hocico fino y una expresión extraña, serena por fuera pero desgarrada en los ojos.

Không có mô tả ảnh.

Era evidente que no era un perro salvaje.

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