Nadie entra a un almacén abandonado esperando encontrar fidelidad.
Uno entra esperando polvo.

Basura.
Objetos viejos.

Tal vez ratas.
Tal vez un colchón roto.
Tal vez señales de que alguien pasó por allí y luego desapareció.
Pero aquella mañana, en un barrio donde casi todas las construcciones parecían cansadas, una mujer llamada Inés empujó una puerta medio torcida y encontró algo mucho peor que la ruina.