—El día que encontramos a Ben, ya no tenía fuerzas ni para levantar la cabeza… pero sus ojos aún esperaban algo que nadie le había dado en toda su vida.
Estaba tirado en una esquina, sobre un suelo roto y sucio, como si el mundo lo hubiera dejado atrás.

No ladraba.
No se movía.
Ni siquiera intentaba huir cuando nos acercamos.
Solo respiraba… lento, débil… como si cada segundo fuera un esfuerzo.
Había un plato vacío a unos centímetros.
Agua seca.
Comida inexistente.
Tiempo… demasiado tiempo sin que nadie se detuviera por él.
Me arrodillé a su lado.
Esperaba miedo.
Dolor.