En una obra abandonada, el aire aún se respira. El suelo es áspero, las paredes están inacabadas y la vida parece lejana, salvo por un alma bondadosa que se aferra.

En una obra abandonada, el aire aún se respira. El suelo es áspero, las paredes están inacabadas y la vida parece lejana, salvo por un alma bondadosa que se aferra.

Marley, una perra cansada, ha cavado con cuidado un pequeño espacio en la tierra. Dentro, abraza a su último cachorro. Su cuerpo está cansado, su pelaje desgastado y sus fuerzas casi se han agotado, pero sus ojos no se apartan de su cachorro. Con cada respiración, siempre está a su lado, protegiendo lo que más le importa.

Se acurruca cerca, protectora y suplicante a la vez, protegiendo a su cachorro con silenciosa determinación, sin querer soltarlo.
Es evidente que Marley ha enfrentado muchas dificultades. Podría haber dado la bienvenida a más cachorros al mundo, pero ahora solo queda este.
Su cuerpo era delgado, temblaba de debilidad, pero su amor nunca flaqueó. Cada mirada, cada pequeño cambio en su cuerpo, era para su cachorro, y su promesa nunca se detuvo.
Por suerte, aunque fuera tarde, al final algo mejor le llegó.
Lo que sucedió después en el viaje de Marley podría conmoverte…