Solo quiero vivir… Solo una vez, sentí unos brazos suaves y cálidos antes de que mi vida se hunda por completo en la fría oscuridad de la soledad..

En el pasado, pensé que tendría un hogar para siempre. Con una voz cariñosa que me llamara, con una mano suave acariciando mi cabeza cada vez que me sintiera cansado. Creí en el amor de los humanos… hasta el día en que me dejaron junto a la carretera, bajo una lluvia torrencial. La puerta del coche se cerró. El sonido del motor se alejó. Me quedé allí, temblando, empapado, mirando sin parpadear… con la esperanza de que volvieran. Pero nunca regresaron.

Desde aquel día, cada jornada ha sido un caminar errante por aceras heladas, buscando un poco de comida sobrante, un rincón donde pasar la noche. Mi estómago rugía, cada hueso asomando más bajo la piel áspera. La gente pasaba, pero nadie se detenía. Nadie me miraba el tiempo suficiente como para ver la desesperación que gritaba dentro de mí.
No necesito mucho… No sueño con palacios ni con banquetes lujosos. Solo deseo, una vez, ser abrazado — un abrazo fuerte, muy cálido, que me haga sentir que no soy invisible, que no he sido olvidado. Que me permita creer que, aunque solo sea por un breve instante, alguien en este mundo me quiso.

Ahora, cuando la respiración se vuelve pesada y cada latido se ralentiza, sigo levantando la mirada hacia las personas que pasan… esperando una mano tendida, un corazón abierto. Porque todo lo que he querido, desde siempre, es… vivir.