En el pueblo de Aluva, Kerala, las lluvias torrenciales de agosto convirtieron las calles en ríos de lodo y veneno. Una perra callejera marrón, a la que los vecinos llamaban simplemente “Mummy”, había dado a luz hacía apenas quince días bajo un tejado medio derruido. Cuando el agua llegó a la altura de las rodillas, madre e hijos bebieron lo único que había: agua turbia llena de químicos, petróleo y bacterias. Al día siguiente los voluntarios de Humane Society International India encontraron la escena que nadie podrá borrar jamás: los seis cachorros yacían inmóviles en círculo, con los ojitos aún abiertos mirando al cielo, y en el centro Mummy los lamía uno por uno, muy despacio, como si con cada lametón intentara devolverles el calor que se les escapaba.
Los rescatistas intentaron apartarla para revisar a los pequeños, pero Mummy gruñó débilmente y siguió lamiendo, pasando de uno a otro aunque ya no se movían. Cuando llegó el veterinario y confirmó que los seis cachorros habían muerto por envenenamiento tóxico, Mummy se tumbó sobre ellos, apoyó la cabeza encima del más pequeñito y soltó un único aullido largo, desgarrador, que hizo que todos los presentes rompieran a llorar. Luego, con las pocas fuerzas que le quedaban, dio un último lametón a cada uno, muy suave, como diciendo “ya está, mamita os lleva con ella”. Minutos después su respiración se detuvo. Los vecinos aseguran que murió con la lengua aún tocando la cabecita de su último bebé.
El vídeo grabado por un voluntario supera ya los 400 millones de reproducciones. En él se ve claramente el último lametón: Mummy, con el cuerpo temblando de agotamiento, levanta la cabeza una última vez, mira a la cámara como pidiendo perdón por no haberlos salvado, y vuelve a lamer al cachorro más cercano antes de cerrar los ojos para siempre. Kerala entierra hoy a siete ángeles callejeros en un pequeño monumento junto al río Periyar, donde los vecinos llevan flores todos los días. Porque aquella madre sin nombre nos enseñó la lección más dura y más bonita: incluso cuando el mundo se vuelve veneno, el amor de una madre sigue siendo lo único puro que no se contamina nunca.