La cadena sonaba distinto cada vez que ella intentaba respirar más hondo.

No era solo el ruido del hierro contra el poste.
Era el sonido de una vida gastándose en silencio.
El patio trasero de aquella casa olvidada no parecía un lugar donde pudiera empezar nada bueno.
Había barro seco mezclado con paja húmeda.
Madera podrida.

Una reja torcida.
Y más allá, una línea de árboles oscuros que parecía tragarse el poco sol que entraba.
En medio de todo eso estaba ella.
Una perra color canela, grande, fuerte alguna vez, pero ahora reducida a huesos, heridas viejas y ojos cansados.
Su cuello estaba atrapado por una cadena demasiado pesada.
No una cuerda.
No una correa.
Read More