La encontraron cuando el día ya estaba cayendo.
No en un refugio.
No en un patio seguro.
No en un lugar donde alguien hubiera preparado mantas, comida o un rincón tranquilo para recibir a una madre que acababa de dar a luz.
La encontraron detrás de una casa abandonada.

Tirada sobre tierra seca.
Junto a una pared agrietada.
Con basura alrededor.
Con una marca reciente en el cuello que decía más que cualquier explicación.
No hacía falta que nadie contara lo que había pasado.
Su cuerpo lo decía todo.

La cuerda había sido retirada poco antes.
La herida seguía allí.