La lluvia había caído toda la noche sobre el patio trasero.
No una lluvia suave.
No de esas que refrescan la tierra y dejan olor a calma.
Era una lluvia pesada.

Fría.
Persistente.
La clase de lluvia que convierte el suelo en barro espeso y hace que hasta las sombras parezcan cansadas.
En la parte más alejada de la casa, detrás de un cobertizo viejo y de una cerca mal clavada, Molly estaba atada a una cadena oxidada que llevaba tanto tiempo alrededor de su cuello que el metal ya parecía parte de su historia.
