
En medio de las fuertes inundaciones en Tailandia, un pobre perro fue abandonado por su familia mientras huía, aferrado a un poste eléctrico, solo, en medio de las aguas embravecidas. Pasaron cuatro horas, con el cuerpo temblando, las garras desgarradas, los ojos aún brillantes de miedo y una frágil esperanza…
¿Lo salvarán a tiempo…?
Mira el espectacular rescate aquí:
En la provincia de Ayutthaya, donde el río Chao Phraya se tragó pueblos enteros durante las peores inundaciones en décadas, un perrito mestizo de color canela quedó olvidado en medio del caos.
Su familia, al huir en una barca improvisada, lo dejó atado con una cuerda demasiado corta a un poste eléctrico. Cuando el agua subió, la cuerda se rompió y el animal, aterrorizado, trepó como pudo hasta lo más alto del poste.
Allí pasó cuatro horas interminables, con las aguas marrones rugiendo debajo, las garras sangrando por agarrarse al metal oxidado, temblando de frío y miedo mientras la corriente arrastraba muebles, coches y hasta casas. Los vecinos que lograron grabarlo desde tejados lejanos cuentan que no ladraba; solo miraba hacia el horizonte, como esperando que alguien regresara por él.

Los equipos de rescate de la Fundación The Hope Thailand lo localizaron gracias a un vídeo que se hizo viral con el título “El perro que nadie vino a buscar”. Cuando la lancha llegó, el animal ya apenas podía sostener la cabeza en alto; sus patitas resbalaban una y otra vez. Uno de los voluntarios, Phet, se lanzó al agua con una cuerda alrededor de la cintura y nadó contra la corriente hasta el poste. Al extender los brazos, el perrito soltó un gemido débil y, sin dudarlo, se dejó caer directamente hacia él, confiando ciegamente en ese desconocido. Phet lo atrapó justo antes de que la corriente se lo llevara. En la barca, el perro, exhausto, se acurrucó contra su pecho y empezó a lamerle la cara sin parar, como diciendo “gracias por no abandonarme tú también”.

Hoy, aquel superviviente se llama “Chai” (victoria en tailandés) y vive en el refugio de la fundación, donde ya ha ganado cinco kilos y vuelve a mover la cola como un ventilador. La familia que lo dejó nunca apareció a reclamarlo, pero millones de personas en todo el mundo han ofrecido adoptarlo después de ver su historia. Chai duerme cada noche abrazado a un peluche que le regaló Phet y, según los voluntarios, cada vez que oye el ruido de una lancha se pone en la puerta esperando: ya no teme al agua, porque aprendió que después de la tormenta siempre llega alguien que sí vuelve.